NO SE PUEDE GUARDAR SILENCIO ANTE LA NUEVA BARBARIE TECNOLÓGICA
Arnaldo Rojas

La era digital llegó para quedarse y sin duda tiene sus beneficios, pero su presencia avasallante nos hace olvidar que también tiene un lado oscuro, que se refiere a los aspectos negativos y potencialmente dañinos entre los que se incluyen la pérdida de privacidad y de seguridad, la manipulación, la desinformación y, sobre todo, la deshumanización.
Frente a esta situación, varios pensadores se ocupan del tema, entre ellos Josu Landa, quien llama la atención sobre la relevancia del humanismo y las humanidades en un contexto dominado por la tecnología y los algoritmos e invita a la reflexión sobre el papel de la cultura y el pensamiento crítico en la sociedad contemporánea.
Josu Landa es un poeta, ensayista y filósofo venezolano, catedrático de la Universidad Nacional de México (UNAM). Desde 1982 vive en la nación azteca. Estuvo de visita en nuestra ciudad, invitado por la Universidad de Carabobo, a través de la revista Poesía y del Comité Organizador de Feria Internacional del Libro de la Universidad de carabobo (FILUC,) para ofrecer su conferencia “Humanismo y humanidades en la era del algoritmo totalitario”, tema que forma parte de su más reciente libro “Humanismo primordiales” (Ed. Conahyct/Fondo de Cultura Económica). La ocasión fue propicia para entrevistarlo y hacer llegar a una mayor audiencia sus interesantes observaciones.

¿Cuál es su principal inquietud ante el indetenible avance de la tecnología digital?
-Nunca he negado ni negaré que es una posibilidad que ofrece aspectos muy positivos, muy provechosos y benéficos en ciertos aspectos. Pero es hora de poner la mirada en los riesgos y peligros que son humanamente amenazantes. Al final, las tecnologías entran en la lógica de incidir en las capacidades interpretativas, en la capacidad de interpretar con libertad que todos los seres humanos tenemos. Esto significa sustraernos de nuestra vida ordinaria, manipularnos, inducirnos, incluso, si nos dejamos, llevarnos a un plano de enajenación. Es decir, llevarnos a un plano de pérdida de identidad con relación a lo que es más nuestro, más propio, de nuestra propia naturaleza, nuestro propio modo de ser. Todo esto nos está afectando desde fuera con estos dispositivos. Todo esto se traduce en una deshumanización.
¿Cómo se produce esta deshumanización?
-Por un lado una minusvaloración de lo humano frente a lo técnico. Se valora más lo instrumental, lo que está fuera de nuestra interioridad, de nuestra alma, de lo que nos hace profundamente humanos. A la tecnología esto no le interesa para nada, salvo para manipularnos o inducirnos a realizar ciertos actos a favor de determinados intereses.
-Pero también está la deshumanización por suplantación de los seres humanos y los procesos productivos, del trabajo. El trabajo es un fenómeno humano moralmente indiferente, puede servir para el bien o para el mal, como muchas cosas en este mundo. Pero no podemos realizarnos como seres humanos si no hacemos actividades que entran dentro de ese concepto general que llamamos trabajo. Tiene sus dimensiones fuertes, duras, negativas pero no podemos realizarnos como seres humanos sin trabajar, sin hacer algo, sin generar algún producto que enriquezca nuestra vida. Estas nuevas tecnologías están suplantando el trabajo de manera acelerada. Un dispositivo de Inteligencia Artificial es capaz de suplantar, de manera eficaz, por ejemplo, a miles de autores de libros, traductores, guionistas de cine.
Ni se diga de la robótica, capaz de sustituir la mano de obra humana en los procesos productivos. La Inteligencia Artificial va dejar sin participación a más del 50% de la población económicamente activa en menos de 10 años. ¿Qué se va hacer con esa gente? tanto desde el punto de vista de su mantenimiento personal como en su realización humana.
También hablamos de deshumanización cuando cierto uso de estas tecnologías apunta a un derrumbe a un desplazamiento en lo que es más valioso en la realidad humana propiamente dicha que es todo lo que tiene que ver con la cultura. Cultura significa cultivarnos a nosotros mismos, como si fuéramos un campo fértil en el cual plantamos semillas que darán frutos que nos hagan mejores a nosotros y a la realidad que nos rodea. Esto también está sometido a un impulso que califico como decadente. Se está acabando con las bases culturales que han cimentado nuestra tradición cultural, tanto en Occidente, como en esta zona un poco ambigua que es América, donde se entrecruzan tradiciones que vienen de Europa pero también de otros continentes como África y ni se diga de la propia América.
¿Qué hacer ante esa pérdida de humanidad?
-Frente a esto reivindico con toda vehemencia y claridad el retorno a repensar al ser humano que es la base del humanismo. Reivindicar los alcances que se han logrado en la tradición humanista (aunque tenga algunos elementos cuestionables) y eso viene acompañado de un desarrollo de las Humanidades que no es lo mismo que Humanismo. El Humanismo es una doctrina. Las humanidades es una tradición que nos conecta con lo que el ser humano ha hecho para ser cada vez mejor.
La ética tiene un papel importante en todo esto…
-Así es. Por ejemplo, un sentido de medida de las cosas es uno de los problemas éticos más importantes. Esto era algo elemental en las éticas clásicas. Sin medida no se puede vivir, todo con medida, es una máxima que proviene del mundo de la sabiduría mágico-religiosa, pre filosófica. En este momento no hay sentido de la medida. Todo está dirigido por un impulso irrefrenable de la voluntad de dominio y de un ímpetu indetenible del mercado absoluto, por eso es totalitario. Se está imponiendo que todo sea negocio, que todo sea dinero, que todo se convierta en moneda o en mercancía etc. Entonces esas dos pulsiones tan tremendas no tienen medida actualmente y afectan todo lo que tiene que ver con el humanismo y con las humanidades.
¿Se podría decir que esos avances tecnológicos también implican un retroceso?
-De alguna manera sí. Estamos en un momento en que gente sin ningún criterio de medida pretende llevarnos al siglo XVIII, a una época anterior la Revolución Industrial y a la Declaración Universal de los Derechos Humanos y por el lado de la economía, siguen insistiendo en una lógica capitalista sin límites, por lo que soy partidario que se debería llamar ultraliberalismo en lugar de neoliberalismo.
Tenemos gente haciendo uso de los medios de comunicación, de la palabra (que es lo que tenemos todos en común), de una manera atroz y decadente, lo cual expresa una situación de incultura y de barbarie ante lo cual no se puede permanecer callado.




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